sábado, 2 de abril de 2016

EL ENFERMO IMAGINARIO


Pensamos que cuidar la vida, equivale a la búsqueda y protección de la alegría. Vencer el miedo, ayuda a aumentar la alegría, son conceptos inversamente proporcionales. Desde niños, cobramos apego a lo efímero, el miedo tiene un gran componente de inevitable, porque la vida humana  es demasiado frágil y trágica, si no encontramos modo de fundar la estimación por uno mismo estaremos abocados a la aprensión, a la hipersensibilidad,  a la hipocondría. Luchar por tanto contra el miedo nos ayudará a ganar el combate con la hipocondría.

Derivada de la teoría de los cuatro humores de Hipócrates, la palabra hipocondríaco  es aplicable a las personas que se angustian en demasía por su la salud de su cuerpo.

Creerse enfermo, es algo relativamente frecuente entre la población general. Noticias en los medios de comunicación sobre enfermedades, molestias físicas a las que no encontramos explicación y enfermedades de familiares o amigos nos hacen proclives a la preocupación de enfermar. Asociar preocupaciones hipocondríacas con interferencia en los hábitos de vida personales y profesionales disminuye la calidad de vida y en ocasiones aumenta los gastos sanitarios de un país. Es en estas ocasiones, cuando es necesario intervenir a nivel psicológico, cuando la persona se encuentra incapacitada por la hipocondría.

La presencia de síntomas físicos sin alteraciones orgánicas, molestias imprecisas y generalizadas es característica de personas que padecen hipocondría, en ellas, incluso ligeros cambios, como un ligero aumento de la presión arterial o algún episodio de tos,  que pasarían desapercibidos para quienes no lo padecen, a ellos puede producirles malestar físico.

Diagnosticar de hipocondría requiere que la persona padezca durante al menos seis meses, una preocupación, (no de tipo delirante) miedo, a padecer una enfermedad grave, persistiendo tal preocupación a pesar de que el facultativo realice las exploraciones y de las explicaciones oportunas, la preocupación le tiene que producir un malestar clínicamente significativo, o un deterioro laboral y social, y no hay que confundirla con síntomas determinados trastornos como son  de TAG, TOC, trastorno de angustia, episodio depresivo mayor, ansiedad por separación u otro trastorno somatomorfo.

 Que la persona  se haya visto expuesta a estímulos sensibilizadores (estímulos incondicionados); a  enfermedad, bien durante la infancia, la adolescencia o incluso ya  en la edad adulta;  que alguna persona cercana a él (familiar o una educación errónea sobre los síntomas, la salud y la enfermedad, son causas para convertir a la persona en hipocondríaco. Un aprendizaje en el ambiente familiar es clave para el inicio del trastorno. Un niño criado en un ambiente sobreprotector, donde se exageran los síntomas de las enfermedades crea un caldo de cultivo idóneo para que en el desarrollo evolutivo el niño, focalice su atención en mínimos síntomas que perciba en su organismo y a lo largo de los años los vaya cronificando, dando como resultado el convertirse en hipocondríaco.

Una vez iniciada la hipocondría, determinados factores contribuyen a su mantenimiento, así, continuas visitas a los médicos sin que estos encuentren causa física al problema que sufre la persona. No todas las personas que sufren de hipocondría acuden a consultas médicas, existe una parte de ellos que las evita por temor a que se les confirme la enfermedad que ellos temen sufrir.

Otro factor que contribuye al mantenimiento de este trastorno es la búsqueda insistente y minuciosa que la persona realiza, sobre enfermedades a partir de diferentes fuentes.

También es importante las rumiaciones sobre los síntomas que se sufren y las consecuencias que pueden tener; la aparición de enfermedades reales que confirmen sus creencias tiene gran importancia para reafirmarse en su “hipotética” enfermedad.

La falta de actividad y la pérdida de interés por distintos menesteres, llevan a la persona a focalizar la atención en las propias sensaciones, aumentan sus quejas y solicitan atención continuada, así en atención primaria, el porcentaje de pacientes hipocondríacos es alto, entre un 12% y un 24% que  reclaman más cantidad de pruebas médicas (casi un 10% más que el resto), en unos momentos en que los médicos trabajan bajo presión para reducir pruebas y procedimientos innecesarios. 

La hipocondría emerge en el contexto de ciertos trastornos de ansiedad, por lo que se plantea su tratamiento como tal. La crisis y el descenso de empleo parece que van asociados a mayor número de hipocondríacos con somatizaciones, depresiones, trastornos de ansiedad e incluso suicidios. Pueden entrar en un espiral que no tiene final y llegar a cronificarse.






  • Autores:

Francisco Javier López González  (Psicólogo General Sanitario - Práctica privada)

Mª Teresa Pérez Marín  (Psicólogo General Sanitario - Centro Dr. Esquerdo)

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