sábado, 1 de junio de 2013

ALGUNAS NOCIONES SOBRE LAS HABILIDADES SOCIALES Y LA ASERTIVIDAD



ALGUNAS NOCIONES SOBRE LAS HABILIDADES SOCIALES Y LA ASERTIVIDAD


El concepto de habilidades sociales surge como una técnica de tratamiento grupal o de manejo de Estrés y la Ansiedad, dentro del paradigma Cognitivo-Conductual de la Psicología. Las necesidades y los retos que nos impone la sociedad actual, precisan de ser abordados desde una perspectiva racional, para todo aquel que pretenda desempeñarse en ella con éxito.

 Así pues, se viene utilizando desde hace tiempo ya con altos ejecutivos o empresarios para convencer y cautivar a sus auditorios –verbigracia- y, asimismo se viene entrenando a los pacientes que acuden a nuestras consultas, en las mismas, al objeto de que puedan pasar por ejemplo, con éxito una entrevista laboral o fortalecer sus relaciones sociales; así como para interactuar mucho mejor ante sus iguales, con figuras de autoridad, al hablar en público, etc.

Desde la óptica conductual, se considera que los sujetos (algunos), no poseen esas habilidades, con lo que en consecuencia, sería razonable enseñarles a cómo iniciar, mantener o cerrar una conversación en su momento oportuno., a cómo relacionarse con personas del sexo opuesto o figuras de autoridad como hemos apuntado más arriba, como recibir o dar un cumplido, hablar en público de una manera eficaz y sin ansiedad, etc.

No así, de modo distinto, existen personas que, aún disponiendo de esas habilidades de las que hablamos, no las llegan a poner en práctica ya que les producen temor, ansiedad o, simplemente, no se atreven a mostrar una buena ejecución en ellas a pesar de que en su repertorio de conductas disponen de ellas para relacionarse de una forma “normal” o, “natural”. Todo ello por pensamientos tales como: que se va a hacer el ridículo, que es posible que se queden en blanco (¡¡¡y al final lo consiguen!!!), que se les va a notar que están nerviosos, y así, un largo etcétera.

En definitiva, el entrenamiento en habilidades sociales (EHS, en adelante), puede realizarse de distintos modos pero, en general, incluye las fases de instrucciones sobre qué es lo que se desea hacer, aplicar por medio del terapeuta la técnica del modelado para esas acciones, ensayos de conducta por parte de los participantes en el EHS, refuerzo positivo de aquello que se ha realizado bien y, corrección además de feed-back (retroalimentación) de aquello que se puede mejorar; volviéndose a iniciar la secuencia tantas veces como sea preciso hasta lograr una buena actuación (nuevas instrucciones, nuevos modelados, nuevos ensayos de conducta, nuevos refuerzos positivos y nueva retroalimentación).

El entrenamiento en habilidades sociales, es pues, una forma de tratamiento psicológico multi-componente, o con componente psicoeducativo, a la vez que un área de trabajo.

En principio, su aplicación al tratamiento de la ansiedad social se apoyó en el modelo de déficit conductual, el cual sostiene que las personas con dicho trastorno de comportamiento presentan carencias en ese repertorio de habilidades, como hemos comentado más arriba.

De hecho, antes de la aceptación por parte de la Asociación Americana de Psiquiatría como una entidad diagnóstica con significación clínica (APA, 1980), ya se habían realizado una serie e investigaciones con personas que hoy bien serían diagnosticadas –con una alta probabilidad- de fobia o, Trastorno de Ansiedad Social, y cuanto menos serían consideradas análogos clínicos, en algunas de las cuales se pone de manifiesto la bondad de esta modalidad de tratamiento.

Desde nuestro punto de vista, las variables relevantes a la hora de comprender los progresos que realizan las personas que practican un EHS, no serían tanto las implicadas en el mismo en sí, sino las relativas a la exposición que conlleva a la actuación y a la relación con otras personas que el entrenamiento en habilidades sociales conlleva. (Por ello es preferible, la modalidad grupal, frente a la individual.
   
Las fases que dicho entrenamiento conlleva y, que se han soslayado antes son las siguientes:

a)     Instrucciones y Modelado: Su objetivo es informar pormenorizadamente sobre todo el procedimiento y mediante el modelado por el terapeuta o algún otro modelo (si es de “coping” con algún compañero, por ejemplo, mejor, etc.,), y así hacer las demostraciones oportunas sobre cuáles son las conductas deseadas. El modelado tiene un triple efecto: a): la adquisición de conductas nuevas, b): la inhibición o desinhibición de conductas ya existentes y c): la facilitación de otros comportamientos deseados.

b)    Ensayo conductual: Su objetivo es que la persona practique reproduzca y, ponga en práctica “en vivo” (a ser posible), las conductas o comportamientos nuevos o aprendidos. (Es una de las fases más importantes, ya que implica exposición en vivo, como técnica).  

c)     Retroalimentación y Refuerzo Positivo: Su objetivo: es “moldear”, o sea, perfeccionar las conductas o comportamientos exhibidos por parte del sujeto. La retroalimentación se puede realizar fundamentalmente de dos formas: a) Visual: consistente en la observación de una filmación o video (feedback audiovisual), sobre la actuación del sujeto. Esta modalidad tiene como ventaja, la objetividad, fiabilidad y precisión de la información, siendo especialmente recomendada para anal izar conductas no-verbales; b) Verbal: de forma verbal se realiza por los comentarios hechos al efecto (que no sean castigo), por los sujetos presentes en el entrenamiento que pueden ser:


a)     El entrenador o algún miembro del equipo. En cuanto expertos, proporcionarán comentarios de carácter técnico.

b)    Los restantes sujetos del grupo de entrenamiento. Son de especial importancia en cuanto suponen un marco de referencia importante, y por la heterogeneidad de las opiniones a contrastar.

c)     El propio sujeto. (Auto-observación y evaluación). Es muy conveniente que se observe también con el feedback audiovisual si las condiciones técnicas de la sala de entrenamiento, lo permiten.

d)    El Refuerzo Positivo Global: el objetivo de esta técnica es contribuir al “moldeamiento” de las conductas, así como al fortalecimiento y mantenimiento de las mismas. Su empleo está destinado a proporcionar a los sujetos la motivación necesaria para que mejoren su actuación en los diversos ensayos, aumenten la tasa de respuestas adecuadas  y mantengan los logros que, de forma progresiva vayan alcanzando.  Tipos de refuerzo pueden ser: de tipo social, mediante alabanzas u otro tipo, material, etc.

Es conveniente que el visionado  de retroalimentación vaya acompañado de comentarios de algún tipo, como el refuerzo positivo –anteriormente mencionado- de algunos compañeros, etc… Con el objeto de centrarlo en las conductas objetivo, contrastar percepciones del individuo, etc.   

Conjunto de estrategias y Técnicas: (aplicadas dentro del contexto de entrenamiento y fuera del mismo). Su objetivo: facilitar de una forma eficaz el mantenimiento y la generalización de las conductas aprendidas a otros ámbitos del entrenamiento. Es como una especie de seguimiento que se le hace al sujeto para ver si los cambios “se han consolidado” oportunamente. (Como ejemplos se podrían citar el iniciar y acabar una conversación con otra persona del sexo opuesto, o un ensayo de role- playing en cuanto a hablar en público.


Es muy importante asimismo que durante el entrenamiento se le proporcionen a la persona instrucciones precisas sobre lo que llamamos “focalización de la atención”. Este concepto parte de la evidencia de que disponemos acerca de que los sujetos que presentan ansiedad social, focalizan su atención a los aspectos negativos de la interacción social como son: la sintomatología ansiosa, palpitaciones, sudoración, pensamientos del tipo: “me quedaré en blanco o, me notará que estoy nervioso”, etc., más allá de centrar esa atención “imprescindiblemente” a los aspectos propios de la conversación, por ejemplo; es decir se retira parte de la atención que nuestro interlocutor demanda para prestarla en los aspectos aversivos de la misma.


¿Cómo tratar sin fármacos la ansiedad o fobia social?


         Datos incontrovertibles vertidos en las bases de datos de la literatura en Psicología especializada en Técnicas de Modificación y Terapia de Conducta, han puesto de relieve que las técnicas de elección para este tipo de problema de conducta son los protocolos o programas validados al uso, como el de Heimberg, Leivowitz, Carrie-Massia, Turner y Beidel, Albano, etc.

         Estos programas, talleres, en formato grupal que se aplican en IESs, principalmente o, de cualquier otra forma, grupalmente,  han mostrado su utilidad, efectividad, eficacia y eficiencia, de forma más que aceptable. En contrapartida al tratamiento farmacológico, ya mencionado y que sólo palía los síntomas, al no enseñar un repertorio de conductas nuevas en el sujeto

         Básicamente constan de 12 o más sesiones (variables), en las que a los sujetos se les enseña a iniciar, mantener y cerrar conversaciones, dar y recibir cumplidos, feedback audiovisual, establecer nuevas amistades, hablar en público, etc… es decir, a todo lo que implique de algún modo una interacción o actuación social.

         Decimos con acierto tras la revisión de la literatura que, el componente más activo (más terapéutico de estas técnicas es la exposición que implica verse inmerso en un grupo de desconocidos o no, ya que la exposición a las situaciones sociales fóbicas en cualesquiera de sus modalidades, ayudan al participante a:

a)     Que desmienta la asociación estable que él presupone respecto de las relaciones entre las situaciones que teme, las respuestas de ansiedad que se desencadenan y el miedo a variar su respuesta ante ellas. A actuar de forma diferente.

b)    Verifique la gratuidad de su miedo o ansiedad a que se puedan producir las consecuencias negativas que teme si actúa como cree que no debe hacerlo ante tales situaciones.

c)     Reconozca que la ansiedad social desadaptativa se “aprende”, por lo que también puede ser controlada mediante la aplicación de técnicas que, así mismo, se enseñan y aprenden para dejar de aprender aquella.


¿Qué sería entonces la asertividad?


Respecto al tema de la “Asertividad”, podríamos definirla como: aquel tipo de habilidad social que, hace que el individuo exprese sus emociones, opiniones, sentimientos, derechos, etc., de la forma más adecuada posible, sin infligir daño a nuestro/s interlocutor/es; (es decir, sin aplastar al prójimo), pero, diciendo o aseverando lo que realmente queremos decir; o sea NO siendo agresivos (verbalmente)(”le vomito todo lo que le quiero decir gritándole”), y NO ser pasivos (“me lo trago todo y me quedo mal yo”), sino, ser ASERTIVOS…, el polo medio del continuo. (Le digo TODO lo que le quiero decir pero sin alterarme, sin alterarlo a él a ser posible y, de la manera más educada posible).

Cuando alguien es capaz de decir “no” y de defender lo que piensa, aun cuando los otros o el otro pudieran no estar de acuerdo o incluso les pudiera no sentar bien, entonces es cuando decimos que esa persona es “asertiva”. Una persona asertiva dice lo que piensa pese, a que pueda pasarlo mal en el momento en que lo hace, pero además, utiliza la mejor forma de decirlo a fin de que el otro o los otros también se sientan lo menos mal que resulte posible.

Cuando de lo que se intenta es de no ceder, hay que tener especial cuidado o hacer hincapié en no caer en lo que llamamos culpabilidad asertiva. (Al defender uno sus derechos, por ejemplo, la otra/s persona/s deben entender que lo que hemos hecho es justamente lo que deseábamos sin ser agresivos. Aunque les puedan hacer sentir mal a ellos. El hecho es que NO nos sintamos mal nosotros. Sirva como ejemplo el presente Decálogo de los Derechos Humanos Asertivos, que en su día elaboró el profesor Echeburúa y, que nosotros hemos adaptado. (Versión de López y Pérez, 2008):

1. Tenemos derecho a juzgar nuestro propio comportamiento, nuestros pensamientos y nuestras emociones, y a asumir la responsabilidad de hacerlo y de las consecuencias que se generen.

Yo no soy quién para decirte lo que tienes que hacer, tú no eres quién para decirme lo
que tengo que hacer. Pídeme, no me exijas.

2. Tenemos derecho a no dar razones o excusas para justificar nuestro comportamiento, si no queremos hacerlo.

Puedes decir «no quiero ir» y no tienes por qué sentirte mal contigo, ni tienes que
«explicarte» si consideras que no debes hacerlo.

3. Tenemos derecho a juzgar, si nos incumbe, la responsabilidad de encontrar soluciones para los problemas de otras personas.

Aunque siempre sea recomendable ayudar, ayudaremos cuando y porque nos apetezca,
no porque tengamos la obligación de hacerlo.

4. Tenemos derecho a cambiar de parecer.

Antes pensaba que sí, pero ahora creo que no quiero. No, no quiero.

5. Tenemos derecho a cometer errores y a ser responsables de ellos.

Bien, he metido la pata. Intentaré entender por qué me ha pasado y procuraré que no me
vuelva a suceder.

6. Tenemos derecho a decir «no lo sé».
La verdad es que no sé nada acerca de lo que me preguntas.

7. Tenemos derecho a ser independientes de la buena voluntad de los demás antes de enfrentarnos con ellos.

Gracias por tu amabilidad, pero cuando te necesite ya te avisaré.

8. Tenemos derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica.

Sé que lo mejor es que me lleve el paraguas, pero me apetece sentir cómo me moja el
agua de la lluvia.

9. Tenemos derecho a decir «no lo entiendo».

Perdona. No me estoy enterando de nada de lo que me dices, ¿me lo puedes explicar de
otro modo? Gracias.

10. Tenemos derecho a decir «no me importa».

çMira, la verdad es que no me interesa lo que me estás contando, pero si te parece bien
podríamos hablar de...


Entonces, ¿Cómo debemos comportarnos y comunicarnos?


1º ESTILO PASIVO: El estilo pasivo de comunicación o de comportarse, implica consideraciones de mención especial ya que de éste se pueden derivar consecuencias importantes a saber; no es malo actuar o decir SÏ. Es malo no actuar como uno cree que debería hacerlo, o no decir lo que uno/a quiere o cree que quiere ; y, como consecuencia, acaba sintiéndose mal consigo mismo, e incluso perdiendo sus propias señas de identidad.

Tanto lo primero, como lo segundo, se aprende y, por lo tanto se puede desaprender. 

2º ESTILO AGRESIVO:  Es más propio de lo que llamamos patrones de conducta tipo A, en los que componentes como la impaciencia, hostilidad competitiva y el triunfalismo, llevan a la persona a comportarse de manera despersonalizada e intimidatoria llegando en muchos casos a desarrollar trastornos psicofisiológicos como el infarto de miocardio, las úlceras pépticas, etc.

3 ESTILO ASERTIVO (EL IDEAL):
         Cuando alguien es capaz de decir “NO” (no ceder cuando no se desea), y de defender lo que piensa, aun cuando el otro o los otros pudieran no estar de acuerdo o incluso les pudiera molestar o no sentar bien, entonces es cuando decimos que esa persona es asertiva.

4 ESTILO PASIVO-AGRESIVO:
         El estilo Pasivo-Agresivo se caracteriza por comportamientos dirigidos a intentar molestar de manera indirecta a nuestro interlocutor. Es decir, “pasivamente…, vamos agrediendo”.
Esto se consigue por medio de lo que aquí en España se conoce como “lanzamiento de chinitas”, que no consiste ni más ni menos que en ir recordando al sujeto, aspectos negativos sobre su persona o su pasado, a sabiendas de que eso le puede llegar a doler. Pero el hecho es que: “…estoy molestado contigo y te lo demuestro así…”

 Fco. Javier López González.
     Psicólogo Clínico y de la Salud.
      CV-08702 Alicante.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...